POV DE GIOVANNI
Me quedé mirando el cañón de la pistola que apuntaba a mi cabeza y me congelé, a medio camino entre sentarme y ponerme de pie.
—No lo hagas —dijo él, con una voz mortalmente tranquila—. No te atrevas a sentarte en mi casa como si fueras un invitado bienvenido.
Enzo se movió, y el otro guardia también, pero levanté una mano, indicándoles que se detuvieran.
—¿Dónde diablos está mi hija? —La mano de Robert estaba firme, con el dedo en el gatillo—. He oído de una fuente muy confiabl