Capítulo 38. El peso de las consecuencias.
Cuando finalmente reaccionó, su voz salió como un gruñido bajo y peligroso.
—¿Una orden de restricción? ¿Quién demonios se atrevió a hacer eso?
El doctor mantuvo su compostura profesional, aunque se podía notar cierta tensión en su postura.
—Lo siento, señor Thorne, pero no puedo darle más detalles. La orden es clara y nosotros estamos obligados a respetarla.
Axel sintió que la furia lo consumía. Sin pensarlo, agarró al doctor por las solapas de su bata.
—¡Es mi esposa! ¡Lleva a mi hijo! ¡No p