POV de Eira
El bosque después de la pelea estaba inquietantemente silencioso, de ese tipo de silencio que oprime los oídos y hace que tu propio corazón retumbe como un trueno. Cada rama que se rompía, cada crujido de hojas, parecía amplificado, como si los árboles mismos contuvieran la respiración.
Mi cuerpo dolía; cada músculo gritaba después de la batalla, y mis garras todavía vibraban con la adrenalina residual. Mi lobo estaba inquieto en mi pecho, una energía enroscada que palpitaba con un