En la distancia, las luces del clan se intensificaban. Kara, con sus ojos que se le querían salir de las órbitas, comenzó a sentir pavor. Rohan la tenía atrapada sin poder escapar ni pedir ayuda. Él la mantenía agarrada con una mano por la cintura, mientras con la otra mano tapaba su boca para que no pudiera gritar. La desesperación la invadió y solo pudo pensar en luchar; no estaba dispuesta a rendirse.
—Kara, no puedes seguir luchando en contra del destino —dijo Rohan, con voz fría—. Dejar a