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Miro a mi alrededor y noto una gran estatua de piedra tallada de un caballo.

—Una estatua de un caballo.

—Sé dónde estás. Quédate ahí. Llego en unos minutos.

—De acuerdo.

Colgamos y voy a apoyarme contra la estatua mientras lo espero. No pasa mucho tiempo antes de que vea su gran figura acercarse a mí, y en cuanto me alcanza, me envuelve en un abrazo apretado.

—Estaba preocupado. Colgué con Tobias y no te encontraba por ninguna parte.

Se aparta y coloca un beso en mis labios.

—Lo siento. Est
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