72
Miro a mi alrededor y noto una gran estatua de piedra tallada de un caballo.
—Una estatua de un caballo.
—Sé dónde estás. Quédate ahí. Llego en unos minutos.
—De acuerdo.
Colgamos y voy a apoyarme contra la estatua mientras lo espero. No pasa mucho tiempo antes de que vea su gran figura acercarse a mí, y en cuanto me alcanza, me envuelve en un abrazo apretado.
—Estaba preocupado. Colgué con Tobias y no te encontraba por ninguna parte.
Se aparta y coloca un beso en mis labios.
—Lo siento. Est