81. Sus colmillos en su piel
Caius alineó su erección gruesa con su entrada. La miró a los ojos otra vez, feroz, enamorado, protector.
—Te amo —gruñó y comenzó a mordisquear superficialmente su cuello al mismo tiempo que empujaba dentro de ella con un gruñido bajo y un movimiento profundo y lento.
—Cai, también te amo...
—Mi compañera —susurró contra su piel que ya lamía con ternura—. Mi Zoe. Mía.
Y entonces empezó a moverse.
Lento y profundo.
Zoe se perdió en él cuando Caius aceleró con un ritmo implacable.
Podía sentir c