58. Déjame entrar en tus sueños
Zoe permaneció acurrucada contra la pared fría de la habitación, sus rodillas estaban pegadas a su pecho y sus brazos estaban rodeando protectoramente su vientre.
Cada latido de su corazón era de angustia, estaba sola, nadie sabía que estaba allí.
Se preguntó qué estaría pensando su padre pues llevaba un día allí, encerrada por el Alfa Liam.
—Tengo que hacer algo —susurró para sí misma desesperada.
Respiró hondo, obligándose a calmar el temblor de sus manos.
Se levantó y caminó hasta la puerta