25. Sin título, di mi nombre
Apenas podía creer que él estaba allí, libre.
Sobre ella.
Zoe abrió la boca aturdida.
Bajó la mirada a la mano que estaba sobre su boca dándose cuenta que su muñeca ya no tenía marcas de cadenas, su piel estaba limpia, aunque aún enrojecida en algunos puntos donde el ungüento había hecho su trabajo.
Su cabello oscuro caía sobre su frente, su barba de varios días le cubría la mandíbula haciéndolo ver más arrebatadoramente guapo de lo que ella era y sus ojos brillaban con una intensidad que la de