23. La urgencia de un beso
Ya no podía resistirse a ella.
Sus dedos ásperos se deslizaron de la mejilla suave de Zoe y se hundieron en su cabello atrayéndola con una lentitud que contrastaba con la urgencia que vibraba en cada músculo de su cuerpo.
El beso se profundizó al instante.
Sus labios se abrieron contra los de ella con una hambre contenida durante años.
Zoe jadeó dentro de su boca y ese sonido pequeño, roto, lleno de sorpresa y necesidad hizo que Caius perdiera el último hilo de control que le quedaba.
Su lengua