Scott terminó la llamada con un tranquilo:
—Yo me encargaré de eso.
Luego guardó el teléfono en el bolsillo de sus pantalones.
Durante unos segundos permaneció donde estaba. El proyecto Casagrande comenzaba a estresarlo, pero aquel no era un buen momento para preocuparse por eso. Ya se ocuparía más tarde.
El apartamento estaba en silencio, salvo por el sonido tenue del televisor proveniente de la sala y el ocasional tintineo de los vasos en la cocina. Podía escuchar a Sofía moviéndose de un lad