Jasmine estaba sentada con las piernas cruzadas en medio de la cama, estirándose perezosamente mientras el sol de la mañana se colaba entre las cortinas. La brillante sombra de ojos de la noche anterior seguía intacta sobre sus párpados. Llevaba puesta una de las camisetas extragrandes de Sofía, que prácticamente se había convertido en su pijama.
Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras deslizaba el dedo distraídamente por la pantalla de su teléfono antes de dejarlo caer sobre el colchón.
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