Sofía se despertó con el golpe más suave en la puerta de su dormitorio.
Al principio, ni siquiera se movió. Sus ojos permanecieron cerrados, su cerebro flotando en algún lugar entre el sueño y la irritación. Su cuerpo todavía se sentía pesado por el turno de noche, y su mente revivía destellos del caos de anoche: el café, las risas, la sonrisa tranquila de Henry, y luego Jasmine y Denzel haciendo acrobacias en la mesa del comedor como si estuvieran audicionando para un papel porno.
Otro golpe v