Cap. 42: ¿Muestras equivocadas?
Amelia se mantuvo en silencio durante un par de segundos. Observó a Lisandro con detenimiento. Su rostro tenía ese gesto tenso que conocía de memoria, pero también algo nuevo: vulnerabilidad. No la arrogancia habitual, ni el cinismo con el que solía enfrentarlo todo, sino un cansancio hondo, como si se hubiera quedado sin máscaras.
—Está bien —dijo finalmente, en voz baja pero firme—. Te ayudaré, Lisandro.
Él levantó la mirada, sorprendido. No era la respuesta que esperaba, pero antes de decir a