Cap. 273: Un amor inesperado.
CAP. 90
Teo llegó al parque casi sin aliento. Había corrido desde donde el tráfico de Manhattan se volvía imposible, ignorando las miradas de los transeúntes que lo reconocían. Divisó la banca cerca del estanque y allí estaba ella, una figura solitaria que parecía fundirse con el paisaje invernal de Nueva York. Vera estaba sentada, con la mirada perdida en el agua, rodeada por la inmensidad de un mundo que le quedaba grande.
—Vera —dijo él, recuperando el aire—. Estoy aquí.
Ella giró la cabeza