Cap. 21: El regalo perfecto.
Las palabras golpearon con más fuerza de la que ella imaginaba. Iker no dijo nada, pero su mandíbula se tensó. Cerró los ojos un segundo, sintiendo cómo esa última frase le rasgaba el escudo que había levantado. Ella lo necesitaba. Lo decía con esa voz frágil que él conocía bien. La misma voz que en el pasado lo hizo quedarse.
Pero esta vez no giró. Porque sabía que si la miraba, se traicionaría. Solo respondió con tono plano, sin emoción:
—Voy a pensarlo.
Amelia sintió un leve alivio abrirse p