Cap. 107: Encuentro inesperado.
El restaurante tenía esa luz cálida que volvía todo más amable, siempre en una tonalidad suave, como si respetara a quienes buscaban refugio en un plato humeante y una copa decente.
En una mesa cerca de la ventana, Lisandro disfrutaba de algo que apenas estaba aprendiendo: estar solo sin sentirse solo.
Aunque estaba acompañado de un libro cerrado a un lado, una copa de vino entre los dedos.
El aroma a paella, a pan recién horneado, a aceite de oliva, lo envolvía como un abrazo honesto.
Había el