La mañana era luminosa, con el suave calor del sol filtrándose por las ventanas. Nadine estaba cerca de la puerta, observando cómo la señora Blake empacaba su última maleta. Una dulce sonrisa iluminaba el rostro de la anciana, pero Nadine podía ver la tristeza en sus ojos.
—¿Estás segura de que tienes que irte tan pronto? —preguntó Nadine, intentando que su voz sonara ligera, aunque ella misma sentía una punzada de tristeza.
La señora Blake se giró y le dedicó una sonrisa tranquilizadora. —Sí,