Adrian estaba sentado al borde de la cama en su habitación de hotel, tenuemente iluminada, con las cortinas cerradas para protegerse del sol de la mañana. El zumbido del aire acondicionado era el único sonido en la habitación, a juego con el adormecimiento que sentía en la cabeza. Su mirada estaba perdida, fija en algún punto del suelo, mientras sus pensamientos daban vueltas sin cesar.
Un golpe en la puerta lo sobresaltó. Frunció el ceño, se puso de pie con dificultad y abrió la puerta, encont