Un día a la vez.
Las luces del hospital eran las mismas cada día, brillantes y frías, un recordatorio constante de la lucha que Amy y yo habíamos enfrentado desde el momento en que llegamos aquí.
Durante las primeras semanas de su vida, Amy había sido monitoreada cuidadosamente, sus pequeños pulmones trabajando para recuperar la fuerza que necesitaban. Cada vez que los médicos se acercaban a mí con actualizaciones sobre su estado, mi corazón se detenía. A veces eran buenas noticias: su fiebre estaba bajando, su