Sonrisas cómplices.
La reunión había comenzado minutos antes, con la presencia imponente de mis hermanos que se mantenía firme en su papel de dictadores del hogar.
—Agnes, ¿cuánto dinero consideras necesario para que decidas apartarte de nuestros nietos y te divorcies de Oliver? —Preguntó nuestra madre, ignorando el grito de mi hermano mayor y dejando a todos con un nudo en la garganta.
El silencio se hizo espeso. Agnes, con la mirada fija en el suelo y las manos temblorosas, apenas podía mantener su compostura.
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