De regreso a la monotonía.
Amy no se apartaba de mí. Su cuerpo estaba aferrado al mío, como si su agarre pudiera mantenernos juntas por siempre.
Mis lágrimas de alegría por nuestro reencuentro, empapaba su pequeño cuello, mientras que sus pequeñas manos se sostenían en el mío, con una fuerza que no creía posible en una niña de cuatro añitos.
Sentí las miradas detrás de mí, curiosas, llenas de sentimientos que no podía interpretar, pero no podía darme la vuelta. No podía enfrentarlos. Me aferré a Amy como si ella fuera mi