Asentí con la cabeza, sin decir media palabra.
—¡Mierda! Amiga, lo siento —sujetó una de mis manos y le dio un suave apretón—. De haber sabido que era él, nunca te habría dejado sola. No me habría ido con Cedric. Me hubiera quedado allí y le habría pateado las pelotas a ese idiota hasta cansarme.
—No te preocupes, pues no tenías idea. No tienes por qué disculparte.
—¡Joder! ¿Pero qué coño se hizo? No se parece en nada al de las fotos.
—Creció, maduró… se hizo hombre —me encogí de hombros—. Qué