Desayunamos entre risas. La tensión entre ambos se esfumó por completo. No podíamos dejar de vernos y reír con nerviosismo. Por momentos Antoine sujetaba una de mis manos y me hacía un cumplido que iba desde: que linda sonrisa tienes hasta esa chaqueta te queda genial. Así era él, muy observador y esa era una de las cosas que me encantaban de él.
Esa tarde fuimos a la iglesia y no parábamos de hacernos bromas y reír a carcajadas por cualquier cosa. Algunos nos miraban como si nos hubiésemos vue