«¡Mierda! Me he quedado sin móvil. ¿Ahora cómo le voy a avisarle a mi madre que voy en camino?». Piensa Emily, y sin darse cuenta, comienza a mover su pie, dándole golpecitos al suelo.
—¿Segura que se encuentra bien? —la voz de ese apuesto hombre la hace espabilar. Ella parpadea repetidas veces y asiente con la cabeza—. Parece angustiada.
—Lo estoy. Me quedé sin móvil —dice sin más. Él frunce el entrecejo ante el notable malestar de la dama—. No me malinterprete. Me da igual el aparato como tal