El eco del concierto aún vibraba en los cuerpos de Brie y Jasiri cuando cruzaron la puerta de su habitación de hotel. La adrenalina de la presentación comenzaba a disiparse, dejando en su lugar un agotamiento denso, pero Brie no estaba dispuesta a dejar pasar más tiempo antes de abordar el tema que le quemaba en el pecho.
Jasiri se dejó caer en el enorme sofá de la suite, frotándose las sienes con los ojos cerrados. Sus músculos aún estaban tensos por la energía del espectáculo, pero el peso de