El Gran Salón del Hotel Lotte representaba el pináculo del lujo y la exclusividad, un reflejo fiel del poder y la riqueza de las familias más influyentes de Corea del Sur. Cada rincón fue adornado con una opulencia sutil, suficiente para deslumbrar a cualquiera sin caer en el exceso. Las imponentes puertas de entrada estaban flanqueadas por arcos decorados con flores de invierno: lirios, orquídeas blancas y rosas que se entrelazaban con ramas doradas, creando una atmósfera etérea y casi onírica