El sol iluminaba con intensidad cuando Seo-jun llegó a la imponente casa de sus padres, una elegante y moderna mansión al este de Seúl, que había sido su hogar durante la infancia. El trayecto desde el hotel hasta allí se convirtió en un vacío repleto de pensamientos entrelazados y emociones contradictorias que se agolparon en su pecho, como si su corazón estuviese a punto de estallar. La fachada majestuosa, con su jardín muy bien cuidado, le resultó tan distante y ajena como si ya no formara p