El vuelo hacia Tokio transcurrió en una burbuja de calma, esa paz que suele envolver los viajes largos. Todos en el equipo de Jasiri estaban inmersos en sus propios mundos: algunos veían películas, otros disfrutaban de una comida ligera, y varios jugaban a juegos de mesa. La rutina del viaje avanzó sin sobresaltos, salvo por un detalle que no pasó desapercibido para Seo-jun: Jasiri llevaba dormida más de siete horas ininterrumpidas.
Desde que abordaron el avión, ella se acomodó en su asiento, s