Jasiri empujó la puerta de su habitación de hotel con más fuerza de la necesaria. El estruendo resonó en su interior, amplificando la presión que sentía en el pecho. Sin pensarlo dos veces, se dejó caer sobre la cama, enterrando el rostro en las almohadas mientras las lágrimas brotaban sin control. Un sollozo profundo y amargo escapó de sus labios, sacudiendo su cuerpo con espasmos de un llanto inconsolable.
—¿Por qué...? —murmuró contra la tela de la almohada, con la voz quebrada por el dolor—