Por un instante fugaz, la gran molestia que Jasiri sentía se disipó. Adam, quien había salido con la intención de frustrar su intento de escape, frunció el ceño al notar cómo ella miraba al recién llegado sobrino de su esposa.
Por su parte, Seo-jun sonreía con amplitud.
—¿Ustedes se conocen? —inquirió Adam, alternando la mirada entre ambos.
—No —respondió Jasiri.
—Sí —murmuró Seo-jun.
Ambos hablaron al mismo tiempo.
Jasiri mintió porque le resultaba más sencillo que explicar cómo conocía a ese