La casa había intentado aparentar la normalidad con la misma obstinación con la que un herido intenta enderezarse tras una caída: las mesas se habían tendido, las flores cambiadas por otras mas coloridas, y en la cocina el ritmo habitual de las bandejas y las voces amortiguadas intentaba disipar la bruma que había dejado el luto.
Almorzaron en el comedor principal. Una fuente con carrilleras humeantes, bandejas de verduras al horno, un pescado entero colocado con solemnidad, y una tarta de ques