꧁ ALEJANDRO꧂
Mi abrigo oscuro ondeaba levemente con la brisa que recorría la calle, y el murmullo lejano del tráfico urbano apenas lograba rozar mi concentración. Por dentro, el fuego seguía ardiendo: ira contenida, frustración por lo que había perdido, satisfacción fría por el hilo de poder que, poco a poco, comenzaba a recomponerse bajo mis manos. Cada respiración que tomaba estaba medida, cada músculo tenso, porque sabía que mostrar debilidad era un lujo que no podía permitirme. Nadie podía