Al cabo de casi dos horas, llegó. La dirección estaba escrita en una pequeña hoja que llevaba en su bolsillo. Cuando llegó frente a la casa, observó el edificio por un largo rato. Era un lugar tranquilo, algo alejado del bullicio, una zona residencial privada y a leguas se veía que era exclusiva.
Con las manos tensas en el volante, respiró profundamente y se preparó para lo que estaba por venir. Bajó del coche, se acercó a la puerta. Su corazón latía a un ritmo frenético, y por un momento, dudó