Ella se dejó caer sobre el mueble, su cuerpo pesado, casi incapaz de sostenerse, mientras sus ojos se posaban sobre el teléfono de la casa. El silencio la envolvía, y la confusión se volvía un peso insoportable sobre su pecho. Llamar a Hugo, pensó. Necesitaba desahogarse, necesitaba liberar el caos que la aplastaba, pero no era fácil. Nunca había sido de hablar de sus problemas, siempre había preferido guardarlos, cargarlos sola. Pero hoy... hoy ya no podía más. Algo dentro de ella la empujaba,