Hiro se echó a reír con ganas al oír su respuesta y vio que Aiko se echaba hacia atrás en su silla, como si pudiera percibir la ira y el veneno que había en ese sonido. Parecía muy incómoda y no le extrañó ver su reacción. Aunque no la había tocado, ella se había apartado de repente como si su risa la hubiera golpeado. Y no le sorprendía que estuviera algo asustada, no podía hacer nada para controlar esa bestia con terribles garras y afilados colmillos que crecía en su interior. La bestia de la