Se acercó a ella hasta conseguir que, asustada, diera un paso atrás. Tomó entonces sus hombros y trató de ignorar el escalofrío que lo recorrió al tocarla de nuevo. No quería pensar en el impacto que estaba teniendo en su cuerpo, en todas las sensaciones.
Siempre había habido mucha química entre ellos, ese no había sido el problema. No se le pasó por alto la sorpresa en los ojos de Aiko, pero estaba seguro de que solo estaba fingiendo. La conocía demasiado bien como para chicar dos veces con la