La tomé de la mano, sabiendo que debíamos escondernos. Bueno, más bien ella debía esconderse. El clan de los Mackenzie era demasiado peligroso, y ahora que mi vida tenía un propósito, debía protegerlo a toda costa.
Roxanne no podía dejar de llorar, como si sus lágrimas no pudieran detenerse ni un solo instante.
—Roxanne, por favor, mantén la calma, debemos irnos —le supliqué, pero ella se zafó de mi agarre bruscamente, negando con la cabeza.
—¿A dónde? ¡Esos hombres nos tienen rodeados! No hay