Un día esperado.
Aylin se encontraba en un cuarto privado de un famosísimo club, rodeada de un equipo de maquilladores y estilistas que se apresuraban a darle los últimos toques para que luciera radiante en su gran día. Se miraba en el espejo y se sentía maravillosa con su corsé dorado, que realzaba sus curvas, y la falda blanca con una elegante cola. Era la personificación perfecta de la belleza y la confianza. Mientras los expertos en belleza daban los toques finales, Karen, totalmente histérica, gritó:
—¡Pá