Juego de hipocresía.
—¡Dije que no te puedes ir! ¡¡Recuerda que eres mía!!
Al darse cuenta de lo que acababa de decir, Damián se quedó rígido, consciente de la posesividad implícita en sus palabras y Aylin, con una sonrisa burlona, respondió:
—¡Qué posesivo eres!, ¿acaso te gusto?
—Te dije que no me interesas. Sabes que me refiero a que soy tu jefe y tú mi empleada, y debes obedecerme.
Las horas seguían pasando y ella se encontraba admirada por la habilidad de Damián para detener el hackeo y proteger el sistema.
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