16| Entre placer y humedad.
Clarissa tuvo un momento de lucides, solo un segundo en el que se preguntó si aquello sería lo correcto, y desde el suelo, arrodillada, contempló los ojos que la miraban desde arriba, un azul como el hielo, casi grises, pero no le transmitían frío, más bien todo lo contrario, un fuego intenso, un calor que sintió desde la parte baja de su vientre y que le trepó por la espalda llenándole el cuerpo de una excitante mescla de confusión y morbo.
Con las manos acarició el abdomen marcado, y la mano