NARRA BERENICE
—Cuidado con esa caja Ernest, son las cosas de Dante —le avisé a mi cuñado cuando lo vi levantando sin cuidado la caja de los objetos de mi pequeño.
Estábamos empacando las pertenencias indispensables para mudarnos a la mansión de Emerson.
Si les dijera que no me había sorprendido la proposición de Emerson al ofrecernos su casa para hospedarnos unos días, les mentiría. Me sorprendí y mucho, pero no podía negarme, y menos todavía cuando estaba la salud de mi hermana, de mi futuro