NARRA EMERSON
Cada día que pasaba estaba más orgulloso de la familia que habíamos creado junto a mi ángel.
¿Quién iba a pensar el giro que había dado nuestra vida?
Éramos padres de tres preciosos niños —y no lo decía porque era el padre, sino porque eran hermosos de verdad—. Cuando volvía rendido del trabajo, pensando en tomar mi cama y dormir hasta el día siguiente, solo tenía que mirar esas tres pequeñas sonrisas para que mi malhumor y mi cansancio se disiparan.
El amor que sentía por esa