|Capítulo: ¡Es ella!|
—Solo porque no me queda de otra, necesito su propiedad, es la única pieza faltante. Te aseguro que haré que venda. —Abrió la puerta del pequeño cobertizo, mostrándome su interior, realmente no era tan pequeño—. Es lindo.
—Acomódate donde puedas, y bienvenido. —Yo me senté en la diminuta silla y ella en la cama.
—¿Ahora… vivirás aquí? —Miré el techo tan bajo que había y aquella bombilla que parecía calentar todo con su luz amarillenta.
—¿En este cobertizo?
—Me refiero