Leonard.
Estaba a punto de salir disparado de mi despacho, pero me encontraba en el baño privado, inclinado sobre el lavamanos, vomitando hasta el último bocado del almuerzo. Una semana así, una maldita semana sintiéndome de la peor forma, y ni siquiera puedo trabajar en paz. ¿Cómo demonios era posible que yo, Leonard Blackwell tuviera síntomas de achaques?
Hasta había ido al médico, ese imbécil no me encontró nada anormal. Y ahora, aunque me cueste admitirlo, creo que la ginecóloga López tenía