Han pasado dos días sin verlo, sin recibir una llamada, ni un mensaje de buenos días o una invitación a cenar, y lo peor es que tengo un sentimiento de vacío, como si una parte de mi se hubiera quedado con él.
Pero sigo aferrada a una absurda esperanza que en cualquier momento mi teléfono suene, que diga que todo fue un error, que de verdad me ama como lo sentí aquella noche.
Saco de mi bolso la fotografía que me dio, con las yemas de mis dedos acaricio su rostro, ese que quizá ya no vuelva a