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Daniel fue directo al hospital.
Su hermana seguía recostada tranquilamente.
—Hermano.
—Sí, Anna.
—Hermano, ¿cómo están tú y el hermano pequeño?
—Estamos bien.
—Odio el olor de este hospital, quiero salir de aquí.
—No podemos salir.
—Pero...
—Nada de peros, Anna; voy a trabajar duro para que puedas someterte a la cirugía.
—El dinero será demasiado.
—No te preocupes.
—¿Qué tal esto, hermano? Puedes dejarme; en lugar de desperdiciar dinero en mi tratamiento, ¿por qué no lo usas en Aaron?
—¿Por q