Capítulo 21. Necesitamos hablar
Después de una noche de pasión alucinante y casi diez horas de vuelo, nos dirigimos a casa de mis padres.
—¿Nerviosa? —le pregunto a Astrid, rompiendo el silencio que ha reinado entre nosotros desde que subimos al taxi. De repente, tengo la impresión de que se arrepiente de lo ocurrido la noche anterior, pero sus dedos se entrelazan con los míos y una sonrisa se dibuja en su rostro.
—En realidad, estoy muy contenta de estar de nuevo en la ciudad —responde, recargando su cabeza en mi hombro—. ¿V