—¿Una vida... retorcida? —musité poniéndome pálida.
No me gustó la sensación que comenzaba a formarse en mi pecho. No me gustaba ese hombre, nada de él me hacía sentir bien.
El regordete tío de mi esposo amplió más su sonrisa y me apretó la mano hasta casi lastimarme.
—Pocos días antes de casarse contigo, él desapareció por días, pero todo continuó moviéndose a su voluntad. Hizo grandes cambios desde la distancia.
Fruncí el entrecejo, mirando de reojo cómo cada vez más y más personas se