MILA
Mientras Aleksi abre la puerta de la gran mansión, me sorprende la majestuosidad del lugar. La mujer que nos recibe es elegante y amable, y nos saluda con una sonrisa cálida y acogedora. Me cargo a la niña en mis brazos, sintiendo su peso ligero y suave contra mi pecho. Ella me mira con ojos curiosos y sonríe, y yo no puedo evitar sonreír también. Mi amiga Alisa carga a los dos niños, uno en cada brazo, la señora se emociona con los bebes, diciendo y elogiando lo hermosos que son y es norm