MILA
La camioneta avanza suavemente por la carretera, mientras Natalia conduce con destreza. Alisa y yo estamos sentadas en el asiento trasero, charlando animadamente. El sol entra por las ventanas y calienta nuestros rostros.
—Recuerdo cuando me casé con el padre de Maximiliano —dice Natalia, sonriendo con nostalgia—. Fue un día hermoso, aunque un poco loco. Me acuerdo de que me tropecé con el vestido en la iglesia y casi me caigo.
Alisa se ríe a carcajadas, tapándose la boca con la mano.
—¡Es